Venezuela vista desde Washington, entre principios, intereses y contradicciones.
Se habla de libertad y derechos, pero se actúa en función de intereses energéticos y geopolíticos.
Por Baby Bomers
Publicado en 08/01/2026 13:08 • Actualizado 08/01/2026 14:05
Internacional

Para Estados Unidos, Venezuela no es únicamente un país latinoamericano en crisis, es un punto neurálgico dentro de su mapa estratégico. La riqueza petrolera, la cercanía territorial y la influencia que Caracas ejerce en la región han convertido a Venezuela en un tema recurrente en la agenda de seguridad nacional y política exterior estadounidense.

Desde hace más de dos décadas, Washington ha denunciado la erosión de las instituciones democráticas venezolanas, la concentración del poder y las violaciones a los derechos humanos. En paralelo, ha impulsado sanciones económicas y diplomáticas con el objetivo de presionar cambios internos. Para la narrativa estadounidense, Venezuela representa un caso de advertencia sobre los riesgos de la autocracia y la falta de contrapesos institucionales. 

 

Sin embargo, la política estadounidense hacia Venezuela ha estado marcada por tensiones entre discurso y realidad: 

  • Sanciones y efectos sociales, aunque se plantean como un mecanismo contra las élites gobernantes, en la práctica han profundizado la crisis económica y afectado directamente a la población. 
  • Interés energético, pese a la retórica de confrontación, en momentos de necesidad global, Washington ha buscado acuerdos pragmáticos con Caracas para garantizar acceso al petróleo. 
  • Geopolítica selectiva, mientras se condena a Venezuela por su modelo político, Estados Unidos mantiene relaciones con otros países con cuestionamientos similares, lo que evidencia un doble estándar. 

 

Para Washington, Venezuela es también una pieza dentro de un tablero mayor, contener la influencia de Rusia, China e Irán en América Latina. En ese sentido, la política hacia Caracas responde más a cálculos estratégicos que a un compromiso genuino con la democracia venezolana.

En conclusión, la perspectiva estadounidense sobre Venezuela se mueve entre discursos de principios y prácticas de conveniencia. Se habla de libertad y derechos, pero se actúa en función de intereses energéticos y geopolíticos. Sin embargo, más allá de las sanciones, los discursos y las estrategias, la verdadera dimensión de la crisis se mide en la vida de millones de venezolanos que han resistido, partido, llorado y aún sueñan con un futuro distinto. Esa memoria, tejida con sacrificios y esperanzas, no puede ser comprendida desde fuera.

Solo los venezolanos, con 26 años de experiencia en carne propia, poseen la legitimidad de narrar su historia y decidir su destino.

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