El mito del día más triste del año.
El Blue Monday no debería ser visto como una sentencia inevitable, sino como una oportunidad para cuestionar los discursos que consumimos y para reafirmar que la tristeza no se mide en calendarios.
Por Baby Bomers
Publicado en 19/01/2026 11:33 • Actualizado 19/01/2026 13:00
Editorial

Cada tercer lunes de enero, los titulares y las redes sociales se llenan de referencias al llamado Blue Monday, bautizado hace dos décadas como el día más triste del año. Según la fórmula que lo originó, factores como el clima frío, las deudas acumuladas tras las fiestas decembrinas, la distancia respecto a las vacaciones y la pérdida de motivación en los propósitos de Año Nuevo confluyen para convertir esa jornada en un símbolo de abatimiento colectivo. Sin embargo, más allá de la curiosidad mediática, conviene preguntarnos ¿es realmente posible reducir la complejidad de nuestras emociones a una fecha en el calendario? 

 

El concepto nació en 2005 como parte de una campaña publicitaria de una agencia de viajes británica. Desde entonces, se ha instalado en el imaginario popular como una especie de verdad científica, pese a que carece de sustento académico. Psicólogos y especialistas en salud mental han señalado que no existe evidencia que respalde la idea de que un día específico concentre mayor tristeza que otros. Lo que sí existe es un fenómeno cultural, la necesidad de encontrar explicaciones simples a estados de ánimo colectivos, especialmente en sociedades que viven bajo el ritmo acelerado de la productividad y la presión económica.

 

Aceptar sin cuestionamiento el Blue Monday puede ser problemático. Por un lado, trivializa la experiencia de quienes enfrentan verdaderos cuadros de depresión o ansiedad, reduciendo su sufrimiento a una moda pasajera. Por otro, fomenta la idea de que la tristeza es un evento externo, inevitable y ajeno a nuestra capacidad de respuesta. En realidad, los estados emocionales son mucho más complejos y dependen de factores personales, sociales y contextuales que no pueden encapsularse en una fórmula matemática.

 

No obstante, el eco que genera esta fecha también revela algo importante, la necesidad de hablar de salud mental en espacios públicos. Si bien el Blue Monday es un mito, puede servir como recordatorio de que el bienestar emocional merece atención constante. La tristeza, la apatía o la falta de motivación no deberían ser motivo de vergüenza, sino señales que invitan a la reflexión y, en algunos casos, a la búsqueda de ayuda profesional. En ese sentido, más que descalificar la idea, conviene resignificarla: aprovechar la coyuntura para abrir conversaciones sobre cómo nos sentimos y qué podemos hacer para cuidarnos.

 

En un mundo donde los calendarios se llenan de efemérides comerciales, el día más triste del año nos recuerda que la mercadotecnia tiene un poder enorme para moldear percepciones colectivas. La tarea de los medios y de la sociedad es no quedarse en la superficie del eslogan, sino profundizar en lo que realmente importa, la construcción de comunidades más empáticas, la promoción de hábitos saludables y la creación de entornos que favorezcan la esperanza en lugar del desaliento.

 

Así, el Blue Monday no debería ser visto como una sentencia inevitable, sino como una oportunidad para cuestionar los discursos que consumimos y para reafirmar que la tristeza no se mide en calendarios, sino en experiencias humanas que merecen respeto, comprensión y acompañamiento.

Comentarios
¡Comentario enviado exitosamente!