México enfrenta nuevamente un desafío sanitario que parecía superado, el resurgimiento del sarampión, enfermedad altamente contagiosa que había sido controlada durante décadas gracias a la vacunación sistemática. Sin embargo, desde 2025 y en las primeras semanas de 2026, se han confirmado 7,131 casos y 24 defunciones en las 32 entidades federativas. Esta cifra no es menor: representa un retroceso en la salud pública y una advertencia sobre los riesgos de la desinformación y la falta de cobertura vacunal.
El sarampión no es un simple padecimiento infantil; puede provocar complicaciones graves como neumonía, encefalitis e incluso la muerte. La Dirección General de Epidemiología mantiene vigilancia permanente, pero la realidad es que ningún esfuerzo institucional será suficiente si la ciudadanía no asume su parte.
Las autoridades sanitarias han señalado que los niños pequeños sin esquema de vacunación completo y los adultos que nunca recibieron la vacuna son los sectores más expuestos. También se incluyen personas con sistemas inmunológicos debilitados, quienes enfrentan un riesgo mayor de complicaciones. En este contexto, la vacuna contra el sarampión no es un lujo ni una recomendación opcional: es una herramienta vital de protección.
La reactivación del brote debe leerse como un fracaso social más que como un problema aislado de salud. La vacuna existe, es segura y gratuita en los centros de salud públicos. Negarse a aplicarla no solo pone en riesgo la vida propia, sino también la de los demás. El sarampión se transmite por vía aérea y puede propagarse con rapidez en comunidades donde la cobertura vacunal es baja.
En tiempos donde la desinformación circula con fuerza, es imperativo recordar que la ciencia ha demostrado la eficacia de la vacuna. No hay argumento válido para eludirla. Cada padre, madre o tutor que decide no vacunar a sus hijos está exponiendo a toda la comunidad.
El brote actual es una advertencia, si no reforzamos la vacunación, el sarampión puede convertirse en una epidemia nacional. La Secretaría de Salud ha desplegado brigadas y campañas, pero la verdadera contención depende de la responsabilidad ciudadana.
Hoy, más que nunca, debemos entender que la salud pública es un bien común. La vacuna contra el sarampión no solo protege a quien la recibe, sino que genera un escudo colectivo que evita la propagación del virus.
El sarampión ha vuelto y no admite indiferencia. Vacunarse es un acto de solidaridad, de responsabilidad y de amor por la vida. México no puede permitirse retroceder en logros sanitarios que costaron décadas de esfuerzo. La ciudadanía tiene en sus manos la posibilidad de frenar este brote, acudir a los centros de salud, completar esquemas de vacunación y proteger a los más vulnerables.
La historia nos recuerda que las epidemias se vencen con unidad y conciencia. Hoy, el llamado es claro, vacunarse es cuidarse, y cuidarse es cuidar a México.