Corresponsalía Internacional. El Foro Económico Mundial (WEF) en Davos se convirtió este año en el escenario de una advertencia geopolítica de alto calibre. Mark Carney, exgobernador del Banco de Inglaterra y del Banco de Canadá, entregó un discurso categórico instando a las denominadas «potencias medias» a unir fuerzas de manera urgente para defender el sistema multilateral y la cooperación global ante las crecientes tendencias de aislacionismo y proteccionismo impulsadas por las superpotencias. La tesis central de Carney se basa en la necesidad de construir un nuevo orden, o al menos reforzar el existente, para asegurar la estabilidad económica de naciones que dependen fuertemente del libre comercio y los acuerdos internacionales. La frase que resonó con mayor fuerza, y que ha sido calificada como un diagnóstico brutal de la política internacional actual, fue: "Si no estás en la mesa, estás en el menú". Este llamado a la acción va dirigido a países como Canadá, México, Australia y otros estados medianos que se encuentran vulnerables a los cambios abruptos en la política exterior de gigantes económicos como Estados Unidos, especialmente en el contexto de disputas comerciales y la amenaza de rupturas en acuerdos como el T-MEC/USMCA. Carney destacó que la pasividad ya no es una opción viable; la única forma de garantizar la soberanía económica es a través de la solidaridad diplomática y comercial. El contexto de esta declaración es crucial. Las tensiones geopolíticas y la retórica nacionalista en ascenso han puesto en jaque décadas de integración económica. Carney sugirió que la falta de un liderazgo global cohesionado obliga a estas potencias intermedias a asumir un rol más proactivo en la conformación de reglas internacionales, desde la política climática hasta las finanzas globales. Su discurso, aunque medido en el tono diplomático, contiene una crítica subyacente a aquellos que buscan desmantelar las estructuras multilaterales por intereses puramente domésticos, poniendo en riesgo la prosperidad colectiva. La respuesta a las indirectas de Carney no tardó en llegar, desatando una controversia que escaló la discusión de Davos a un nivel político inmediato. Fuentes cercanas a la administración de Donald Trump reprocharon públicamente las alusiones, recordando la dependencia económica de Canadá respecto a Estados Unidos, poniendo de relieve la sensibilidad extrema en torno a la renegociación de tratados comerciales. Este intercambio subraya la fragilidad de las alianzas actuales y la presión a la que están sometidas las potencias medias para reevaluar su estrategia de política exterior y seguridad económica en un entorno global cada vez más volátil e impredecible.